DEPRESIÓN CUMPLEAÑERA

 

 

A mis padres por traerme a este mundo

¿Sientes tristeza antes, durante y después de tu cumpleaños?
Pensé que era un asunto personal, pero hurgando en la red y pidiendo opinión a mis amigos descubrí -como siempre me pasa- que no estoy sola y que a muchos les pasa lo mismo. Se sienten tristes, frustrados y a veces incluso con rabia con cada repitición insistente del calendario, sí la actualización de la fecha de nacimiento invariablemente y cada año. Quizás sea igual en fechas decembrinas, es también muy común.
¿Qué nos sucede en los benditos cumpleaños? ¿Quizás un afán de saldar cuentas, realizar balances de vida, pagar facturas simbólicas? ¿Otra treta del Sr. Ego para volvernos miserables el día que celebramos nuestra propia existencia?
A un día de mi cumpleaños número 37 sólo me hago estas preguntas y miro la pantalla de mi PC tratando de responderlas para mí y para ustedes que seguro se las han hecho alguna vez.
Sembrar estrategias nuevas y llevarlas a cabo. Proponerlas como en este ritual virtualizado esperando que los lectores confirmen su eficacia curativa, planteen un nuevo plan o que mi cuerpo y mi alma digan: “Sí, Taika, vas por buen camino, este método te cura, sí te cura”.
 
¿Qué hacer para no sentir la depresión cumpleañera?
 
Ordenar recuerdos, sacarlos del baúl, re-detenerme en cada PROCESO. Con cada foto se vienen las emociones como si el tiempo regresara y tuviera de nuevo de 15, 20, 22 o 35 años. Veo la carita de mi hijo en las fotos de aquel mes del 2005 en el zoológico de Caracas. Tenía zapatitos de ortopedia y caminaba tan seguro hacia la jaula de las cabras, para mí, siempre ha caminado bonito y certeramente. Ser madre es el recuerdo más hermoso que tengo, es un recuerdo sí y también un presente vivo, aún hoy vibro pensando en mi hijo, ahora de 16. Todo un adolescente.
Cuando digo adolescencia, recuerdo la mía. Fui punk, pintaba mis pelos de naranja mientras mis padres se preguntaban por qué su hija menor tenía aficción por vestirse de negro. Si hubieran existido los Emos en mi época quizás hubiera sido Emo en vez de Punk, pero por mis tiempos no se oía siquiera hablar de esa tribu urbana. Unirse al movimiento punk era la única opción, a menos de que quisieras hacer mucho ejercicio (¡nunca ha sido mi fuerte!) y ser de los fortachones del barrio o “comer margaritas” y vestir sandalias hippies. Yo opté por las cadenas, por atravesar mi piel con ganchos metálicos y delinearme los ojos de rojo simulando miradas de sangre. La identidad es muy importante, sobre todo si te unes a un grupo y sientes a la manada: acompañándote. Algunos dirán que usar botas pesadas y escuchar Sex Pistols no es un buen recuerdo, pero a mí me llenaba, me daba felicidad ser punk. Muchos padres se preocupan cuando sus hijos asumen bandas o tribus, yo no. Malo es no buscar o más bien no encontrar(se). Imitar a otro y al mismo tiempo hacerte la pregunta: ¿quién soy? Desadaptados son lo que nunca encuentran manada o los que muy confiados creen que ya la encontraron y que es para siempre, yo encontré la mía entre aquellos chavos urbanos y aunque la identificación con ellos me duró unos 4 años, fue importante sentirme “parte de”. También fue importante, saber un día que ya ésa no era mi manada, tendría que buscar otra, una vez más. Aunque alguna parte de mi nunca dejará de ser punk. Vital en aquellos tiempos fue aprender a “aullar”, a reconocer mi voz, mi auténtica voz. Así entré a la Universidad, veo las fotos de mis trabajos de campo durante la carrera de antropología… visitas a poblaciones negras… sus rituales, la magia pagana, aquella mujer temblando sobre el piso mientras otros rociaban su cuerpo con aguardiente, las comilonas a la orilla del río… aquellos niños capturando diminutos peces a punta de machetazos (¡qué habilidad!). El acto de graduación, mi hijo de 5 portando feliz mi birrete sin saber todavía lo que cuesta ponerse uno. Las inmersiones en el mar Caribe, azul siempre azul y lleno de peces de colores, un novio submarinista que luego sería el padre de la hermosa criatura que parí un dos de junio. El tiempo es cíclico, cíclica la vida o parte de ella nada más. Las excavaciones arqueológicas que hicimos, otro novio, éste versión Indiana Jones. México, sucumbió mi risa ante la majestuosa ciudad, interminable cuando se le mira desde el avión por primera vez. Miedo, sientes miedo cuando tienes todo por conocer, cuando cada esquina habitada debe ser un recuerdo vívido y suceptible a la repetición voluntaria. Tu superviviencia urge. Cuando llegas a un país y no conoces ni a un alma. Luego se acercan amores, amigos, caminos de vida se encuentran. La ENAH y sus diversiones. Extrañar a mi hijo con cada poro, en cada mañana saliendo detrás de los mismos volcanes, una y otra vez. Los huesos mayas que toqué. El polvo de tantos muertos. Ahora mis muertos. Vivencias entrañables. Tesis de grado. Autoregalo de los treinta: una maleta de vibradores. Té de todos los sabores, para consumir en soledad y en buena compañía. Usar los aparatitos esos, con algún amante furtivo. Volverme a enamorar esta vez de unos ojos chinos, los más hermosos del mundo. Decirle: “me encantan tus ojos” y él: “Acá todos los tenemos así”. Los atracos criminales del Distrito federal versus los atracones de comida. Tlacoyos y barbacoas con mi compadre colombiano susurrando sueños. Salsa y mil veces Mamá Rumba. Viajes, viajes, acabarse una a una las páginas del pasaporte. Dejar en cada ciudad algo de mí. Que las ciudades me dejen algo adentro y andar luego sintiendo amor a lo rumano o al mejor estilo arrabal-porteño. Llorar como si se te saliera el alma. Descubrir mi amor por las letras. Hacer colectivamente la espiral de libros más grande del mundo en pleno zócalo. Los ojos de mi hijo brillando al tocar su batería. Unos presos felices interpretando un musical de El Quijote. El encuentro hiriente con el otro sexo. Reconocerme vulnerable. Escribir para exorcisarme. Renuncias, decirle que sí a algo mientras le dices que no a otra cosa. Saber esperar. Trabajar la paciencia infinita que da resultados inmediatos. El Reiki. Un nuevo amor que se vuelve refugio, mi poeta particular y de Tequila. Un libro parido por mis manos. El hermano de mi hijo recién nacido. Caracas de noche con sus cuerpos húmedos en pleno dancing. Regresar al hogar, saber que nunca me fui a ningún lado.  Amar las proteínas inteligentes. Leer Babelia. Descubrir el amor de otro ser humano entrando por mis ojos. Tsunamis de éxtasis compartidos. Mi mismo teclado mil veces tocado. Así mis cumpleaños regresan una y otra vez y, con ellos, el baúl de victorias y vicisitudes, ambas con “V” grande, tan grande… la ceremonia de estar viva, de sentir y -aunque a veces duela- decir como el poeta: Confieso que he vivido.
Unas cuantas letras despúes saber que me faltan años por vivir y menos mal. Tendré más punks, más manadas, más niños, más rojo, más cadenas, más ejercicio, más urbe, más peces, más superviviencia, más “hicimos”, más épocas, más adolescencias, más desadaptados, más libertad, más “tendrías”, más rituales, más lectores, más ego, más libros, más fotos, más voz, más de tí que me lees como te lees a tí mismo.
Simplemente gracias
T.R.

7 comments

  1. Caballero

    HOLA ME GUSTO MUCHO, ANDO EN ESAS Y ME ENCANTO LO QUE ESCRIBES, MUCHOS BESOS PARA TI.

    Caballero

  2. TAIKA RAMÉ

    Hola Amapola
    Pues creo que no tiene nada que ver con la edad, tiene que ver con la relación que uno establece con una misma. Cuando siento tristeza en esas fechas cumpleañeras generalmente es porque traigo en mi cabeza puritos pensamientos contaminantes…. tipo no he hecho lo que quiero, nada me sale bien, quiero más cosas, no tengo lo que necesito… y así… lo bueno de todo esto mi Amapola es que nos damos cuenta de esa sensación que nos producen lso cumpleaños… es una VENTANA para conocernos…. yo te diría CRUZA LA VENTANA querida
    entre en ella Y MIRA observa
    quiérete
    Abrazos
    nadir

  3. Amapola

    Hola, buscando datos acerca de la depresión pre cumpleaños me encontré con tu entrada que es muy reveladora sin duda. Al final no sé por qué tengo esta depresión pre, durante y después de mi cumpleaños, pero me preocupa que la tenga siendo muy joven, quizá tiene que ver en el lado de las cosas que no he hecho y me gustaría hacer. Faltan tres días para mi cumpleaños y me molesta y me hace sentir mal que en vez de disfrutarlo el padecimiento vaya en aumento. ¿A qué edad te empezaste a sentir así? Un saludo y gracias por escribir como lo haces, un auténtico regalo. Abrazo.

  4. TAIKA RAMÉ

    Gracias RosaB
    Qué lindo saber que mis palabras te acompañan, y las tuyas a mí esta noche que te leo. En mi blog estás en tu casa, lee a gusto, conoce gente nueva aquí.
    Feliz cumpleaños Rosa, te regalo mi corazón y mis pulmones, que mi regalo de amor se convierta en unos órganos donados que lleguen a ti ahora donde quiera que te encuentres.
    Estás más viva que nunca, mírate escribiendo aquí =), agradeciendo la vida cada minuto.
    Te abrazo fuerte.
    Nadir

  5. RosaB

    Hola; De verdad que se siente la depresión del cumpleaños, me encantaron tus recuerdos y tu forma de ver las cosas, es bueno lo de hacer el resumen para levantar el ánimo y aunque no tengo hijos, estoy divorciada, necesito un trasnplante de corazón y pulmones y tambien cumplo 37 hoy 11 de octubre, he decidido subir el ánimo y salir en la noche a dar una vuelta , de todas maneras estoy viva y tengo muchos motivos para agradecer eso.
    Besitos,
    que buen blog.

  6. TAIKA RAMÉ

    Hola Javier
    Gracias qué hermoso, gracias. Nunca pensé cuando abrí este blog que llegarían a mí tantas muestras de cariño de gente que no conozco, así como tú, pero que siento cerca. Me llena de vida saber que el internet también sirve para hacer el bien, compartir vidas y alegrarnos mutuamente.
    Gracias por tu apoyo.
    Un abrazo,
    Taika

  7. JavierAlvarado

    Hola sencillamente, me encanto esta entrada, vengo leyendo tu blog, y me encanto lo que escribistes… Escribes vida, felicidades!

¿Tú qué opinas?