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Trastorno por déficit de atención (TDA)

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TDA: un trastorno oculto en los adultos
Por Virginia García de Chacín

Día a día vemos a padres que asisten a los consultorios psicológicos con hijos, cuyas escuelas se quejan de que el niño no sigue las instrucciones, no termina sus tareas, está distraído durante la clase o interrumpe en medio de una lección, no parece tener útiles porque “se le desaparecen”, y en algunos casos se le suma que no pueden quedarse nunca quietos, no esperan turno en la fila, ni paran de hablar o lo hacen muy alto. Después de las respectivas pruebas exhaustivas el profesional llega a un contundente diagnóstico: trastorno por déficit atencional (TDA). Hasta hace muy poco era un trastorno propio de la infancia que disminuía con la edad, caracterizado en la mayoría de los casos por serias y persistentes dificultades en tres áreas específicas: atención, impulsividad e hiperactividad.

¿Por qué es un trastorno oculto?

Comentarios como: “ella nunca termina lo que comienza”, “es una persona muy problemática para poder trabajar en equipo”, “es inteligente pero se da por vencido muy rápido”, “es agradable pero muy temperamental y reacciona exageradamente”, “tiene muchas buenas ideas pero nunca lleva ninguna a cabo”. Expresiones con tonos despectivos como “perezoso, desmotivado, irresponsable, muy sensible, torpe, problemático, inseguro y temperamental” son comunes en las descripciones de personas con TDA. Muchas veces estas personas autoreconocen las discrepancias entre su potencial y su rendimiento actual aunque no entiendan exactamente qué les pasa, dicho reconocimiento se convierte en una fuente intensa de sufrimiento que además los deja agotados por el esfuerzo que supone alcanzar las expectativas del mundo no-TDA en el que viven.
Contrario a lo que se pensaba y sabía hasta hoy, el TDA ya no es un trastorno sólo de niños. Muchos adultos han convivido con el TDA sin haberlo detectado, como un culpable encubierto de muchos otros problemas que los acosaron durante su crecimiento, viéndose forzados a crear mecanismos para sobrevivir. Nacidos en ambientes familiares estructurados que les permitieron sobrellevar el TDA y seguir adelante en su vida de una forma más eficaz. Pero, según la psicoterapeuta norteamericana Dra. Lynn Weiss Ph.D., educadora en TDA, especialista en adultos y autora del libro Attention Deficit Disorders in Adults, “estos adultos habrán aprendido a compensar y habrán encontrado su sitio en la vida, pero su forma de tomar la información, integrarla y expresarla nunca cambiará”.
Éste es un campo de la psicoterapia en el cual, por ser relativamente nuevo, aún no se han desarrollado procedimientos específicos ni protocolos médicos a seguir dependiendo de las características específicas de cada paciente. El profesional que atiende a un adulto diagnosticado TDA tendrá que lidiar con una sintomatología específica, con sentimientos dolorosos como la pérdida, la rabia, la desesperanza, el miedo y la frustración que producen en el paciente baja tolerancia ante el estrés, hipersensibilidad emocional, confusión, baja autoestima y rigidez. Sentimientos y emociones recurrentes en todo adulto TDA que no haya seguido un tratamiento adecuado.

La Dra. Weiss clasificó tres formas en las que se manifiesta el TDA en los adultos:
1) El TDA extrovertido: El animador.
Su comportamiento y sentimientos son expresados activa y abiertamente. La impulsividad, impaciencia e hiperactividad es evidente para las personas que lo rodean. Exterioriza la hipersensibilidad a través de reacciones exageradas, de un comportamiento “llamativo”, suele culpar a otros y demostrar su dolor y malestar. La organización le representa un gran desafío, puede enfrentarse a una indisposición para hacer el trabajo o, por el contrario, a una frenética y desesperada adquisición de cada método de organización que exista.

2) El TDA introvertido: El soñador incansable.
No exterioriza lo que siente a través de su comportamiento. Se limita a pensar cómo le gustaría expresar su dolor y malestar pero al final no lo hace (¿quizá por miedo?). Prefiere guardarse sus “cosas”. Tiende a culparse a sí mismo por lo que (le) sale mal. Para los demás no aparenta ser una persona impulsiva o impaciente, sin embargo, puede tener internamente ambos sentimientos sin expresarlos. Su hipersensibilidad hace que se sienta herido emocionalmente, cómo no hace nada para solucionar lo que siente se deprime. Comúnmente cede ante su desorganización y no busca herramientas para superarla.

3) El TDA estrictamente estructurado: El controlador concienzudo.
Los sentimientos no son exteriorizados activamente, aunque su comportamiento sí puede ser muy expresivo y controlado. Expresa su impaciencia e impulsividad a través de de la emisión de juicios. La hipersensibilidad se manifiesta al juzgar y culpar a los demás, bien sea al sistema o a los encargados de poner(le) normas y restricciones. Este tipo de TDA necesita trabajar dentro de una estructura fija y estricta, si ésta cambia se siente frustrado, fuera de control, ejerciendo un control excesivo sobre su entorno y sobre sus familiares, compañeros de trabajo y demás personas. 

 

¿Cómo saber si tengo TDA? A continuación encontrarás un listado muy útil para el diagnóstico del TDA desarrollado por la Dra. Kathleen Nadeau (“ADHD in adults diagnosis and treatment” en HAAD Enough, nov/dic, 1990, p.7):

  • Olvido crónico.
  • Problemas con el manejo del tiempo (problemas estimando realísticamente la cantidad de tiempo que se necesita para un tarea específica y la cantidad de tiempo asignada a la misma).
  • Tendencia a aceptar o a asumir muchas tareas o proyectos, más de los que puede realizar.
  • Tipo de vida desorganizado, frecuentemente llega tarde, apurado y no preparado.
  • Dificultad manejando la chequera y las finanzas.
  • Cambios de trabajo y mudanzas frecuentes.
  • Tendencia a hablar sin considerar la reacción que puedan crear sus comentarios.
  • Tendencia a interrumpir en la conversación de los demás.
  • Dificultad en controlar el temperamento.
  • Dificultad en el manejo del papeleo en el trabajo.
  • Patrón crónico de no logros (ejs: brillante pero no excelente en la carrera, escuela o estudios; retraso en la carrera en comparación con los que tienen igual años de experiencia).
  • Patrón de establecimiento de relaciones con cuidadores que le sirvan como memoria y/o organizador (esposa, compañero de estudios o secretaria).
  • Patrón de depresiones periódicas la cual pudo empezar en la adolescencia.
  • Dificultad de mantener relaciones a largo plazo (ej: matrimonios múltiples).
  • Más tendencia al abuso de sustancias (alcohol, drogas, cigarro, etc.).
  • Tendencia hacia la impulsividad frente a las grandes decisiones (compra de carro, casa, cambio de trabajo sin cuidado y sin planeación a largo plazo).
  • Tendencia a ser muy activo o poco activo, con previa historia de reacciones exageradas.
  • Baja tolerancia a la frustración.
No sientas miedo de asistir a un profesional y comunicarle tus dudas, un buen psicólogo estará preparado para hacer un diagnóstico y ayudarte a vivir mejor, a ser más feliz.
Busca ayuda psicológica ya.
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Agradezco a Virginia García de Chacín por esta colaboración externa para Ser siendo por Taika Ramé. La autora vive en Ciudad de Panamá, Panamá, es licenciada en mercadeo de empresas por la Universidad Latina de Panamá, actualmente estudia segundo año de Psicología en la misma institución.